Trizas
Con las tardes, a veces se cuela por los rincones, la tristeza.
Cabalga sola. A lomos de un caballo alado que barre con las esquinas que reposan seguras.
Escuece, arde, quema sin remedio en un trasiego de idas y venidas donde somos vulnerables y creemos estar a salvo de alimañas que saquen la piel.
Se oculta bajo capas finas que acarician solapadas, mientras engullen toda la energía que sube y baja como un tobogán por nuestro interior.
La dejo entrar. Hay días que se estira como un ovillo y otros se encoge como escarabajo.
Es allí, cuando aprovecho para abrir la ventana.
Y permito que salga desplegando sus alas fuera de mí.
Hasta que vuelva a intentarlo.
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