miércoles, 7 de febrero de 2018

Volviendo

Perdida.
Entre sábanas heladas
y copas de chocolate.
Entre hojas secas que
crujen bajo mis helados pies.
Perdida
con la mirada lejana
de un pájaro herido
luchando
en un inmenso tren lleno
de vagones vacíos.
mas bien, llenos de fantasmas.
Perdida
entre lavanda y romero
escondida,  allá donde
lagrimea una nube que se
esconde tras un veloz rayo grisáceo.
Perdida y en pie.
Caminando con los brazos abiertos
espantando el desaliento
y recogiendo migajas
de luz, de vida, de
campos por cultivar
.

lunes, 29 de enero de 2018

Reacomodando pisadas

    Y es que ahora no encuentro acomodo.
     Viniste, a revolver mi mundo.
     A llenarme de ilusiones, a planear caminos diferentes.
     Muchas cosas nos distanciaron y también muchas, muchísimas que nos unían.
     Te pienso a diario. Podría decir que no, pero no sería verdad.
     Quizá deberías saberlo. Mejor no. Aún duele. A ti y a mí. A ambos.
     Apostamos muy fuerte. Descubrimos miradas dormidas.
     Navegué en tus grandes manos sin rumbo, con la sospecha siempre de poder zozobrar e cualquier momento.
     Pudo haber sido eso. Miedos arrastrados de otros tiempos. Amores perdidos
pegados aún en la piel de la memoria.
    Calles que nos vieron pasar curiosas, jardines que nos vieron vacilar ante un futuro incierto.
    Mares azules negros mansos, fuertes. Trópico que dejaste para conseguir caracolas de otras épocas.
    Aguas frías que te abrazaron con ganas. Deseando que entre ellas, echaras raíces.
   Espumas de deseos, de calores encontrados después de tantos cansados pasos.
   Vida. Encrucijada.
  Tenías que venir y llegaste. Tenías que quererme y sé que lo hiciste, por lo manos, al principio.
   Tenías que embelesarme con tus voz aguda, con tus altos y tus bajos, con tus aires de fariseo y lo lograste.
 
Tenías que irte y así lo has hecho. Sin mas.

miércoles, 17 de enero de 2018

Me sigue contando.

Alicia me susurró de nuevo, que no quiere oír historias tristes, que ha había vivido y escuchado muchas.
Me gusta su piel blanca, casi transparente, sus limpios ojos grises y esa elegancia que ya pesa en esos años que tan bien lleva.
Siguió hablando, casi para ella misma.Pensando en voz alta. Seguramente, ya sabe, que me gusta escucharla.
Recordaba países lejanos que la vieron caminar sin años y con muchas ganas de hacer, de soñar, de buscar, de encontrar. Se veía subiendo a grandes trenes donde cruzaba sitios desconocidos, en busca de cobijo.
Su mente volaba a mercados de colores donde ella dejaba flotar su imaginación entre fruta carnosa y pequeñas tortugas expuestas a la venta.
Había en sus recuerdos, momentos en los que callaba y sólo se contemplaba las manos. Tan usadas, tan maduras.
Yo las veía acariciando dulcemente el cuerpo de un hombre amado, las veía en la pequeña cabecita de un nieto inquieto y también volando veloces por el aire, espantando malos recuerdos y adioses que llegaron pronto. Despedidas inesperadas que la dejaron vacía, con esos preciosos ojos grises, navegando en grises aguas turbulentas.
Y volvía a enhebrar historias donde escuchaba boleros y canciones románticas, mientras en el fuego, hervía un puchero.
Quien le iba a decir que cargada ya de canas, con tantos días sin ganas de seguir, y aquí estaba de nuevo, con deseos de escuchar historias bonitas, de dejar atrás las tristezas. O por lo menos, de no traerlas cada día de la mano. Me gusta su sonrisa limpia, su infantil manera de preguntar si lee bien. Es ella, sin esconder esa ingenuidad que tan bien le queda.
Y es que al escucharla, me escucho. Escucho tantas vidas que han partido por caminos diferentes. Historias por contar que están agazapadas esperando su momento.
Cuéntame Alicia. Cuéntame cómo te enamoraste, como creciste entre arboles de otoño y cálidos mares cruzados a la aventura.
Cuéntame. Tengo tiempo de recrearme en ese gris limpio de tus ojos y de soñar contigo.
Empieza de nuevo y si, tienes razón. No me cuentes historias tristes. Esas las dejaremos para un capítulo diferente.

martes, 16 de enero de 2018

                                                                        Amando



Lo amé intensamente
no por la forma en que bailaba
con mis ángeles
sino porque el sonido de su voz
cuando cantaba
silenciaba mis demonios.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Pre Juicios..

Lo encontré sentado en la plaza grande.
Aquella en la que de vez en cuando, llegaban las palomas a posarse en busca de alimento, aproechando el agua de la fuente para sacudir allí sus humedas patas.
Me gustó escuchar como rasgaba las cuerdas viejas de su guitarra y como e vez en cuando, alguna nota, escapaba de su garganta.
Conseguí cerca de él, un árbol que despedía otoño, y me senté  escuchar. Había algo que me invitaba.
Pasaron por mi cabeza historias imaginarias  mientras salían notas al aire.
Imaginé una carretera larga, llena de frondosos arboles de un Canadá brillante que alimenta mis fantasías.
En aquella nota mas alta oí llegar por viejos raíles,al tren pobre lleno de mercancía, mientras la tierra se arremolinaba feroz golpeando mi cara.
El joven trinaba su estribillo y paraba y yo creía reconocer en su mirada triste, a una madre dando a luz a un hermoso bebé enclenque que apenas gemía sin apenas fuerza.
Al lado de su guitarra, de manera descuidada, habían unos libros que no intentó mirar.Estaban allí, seguramente por error. Su estilo era otro.
Tantas cosas por contar con su voz queda, tantos silencios entre cuerdas.
Tanto que ofrecer. Manos grandes y morenas queriendo vivir. Tantos mares revueltos, tantas injusticias que le rodeaban. Y habiendo tantas cosas, infinidad de mundos por descu
brir, la gente que por allí pasaba, sólo veía a un joven bohemio salido a deshora de cualquier instituto y que mostraba con orgullo sus cuidadas rastas como su bandera de autentico soñador.

Sonando a boleros.





Alicia me dijo sin preguntárselo, que le gustan los boleros. Esos que mecen el alma y te llenan de recuerdos, de cosas bonitas y que, a veces, acuden húmedos a tus ojos.
Vi añoranza en su mirada de mujer madura, vi amores entregados y despedidas dolorosas. Vi océanos cruzados, risas apagadas por los años, niños corriendo, abuelas bordando. Vi ternura en esa voz cálida que tiene: vi tristeza.
Ese día, cuando me lo dijo, ella cantaba un bolero que sonaba de fondo. Y me dijo: son mentira.Los boleros son mentira.
Los hombres no saben amar. Me metí en el brillo de sus ojos y por un momento, dudé. No saben?
La abracé mientras ella arrastraba sus pies cansados y su bolso le pesaba e tanta nostalgia. Le dije: si saben Alicia, claro que saben. Sólo que su amor está hecho de otra madera. Son otra cosa.Ni mejor, ni peor: diferentes. Sus pedazos son otros. Sus raíces, son otras.
Canta Alicia y no pienses en mentiras.
Sueña, recuerda, vive y alimenta esas letras de boleros.


jueves, 1 de junio de 2017

Escondida de momento.

 Y hoy como muchos otros días, con muchos kilómetros de distancia, pienso en aquellas calles que me vieron nacer, que vieron crecer mis piernas entre neblinas y carreras.
Hoy son otras.
Hoy respiran lucha, piden justicia, se manchan, por desgracia de sangre.
Quién detonó esas voces que creían mudas, esos violines callados, esas camisetas escondidas?.
Tierra inmensa, rica, donde brillan los colores de tucanes en verdes y amarillos únicos, donde ruge un Cachamay de espuma blanca salpicando vida.
Donde un Avila imponente observa, de momento, callado.
Tierra de cuatros y maracas, de faldas y alpargatas, de llaneros cuarteados por un sol inclemente.
Extensiones enormes donde se escucha un arpa cantora calmando los hombros cansados de campesinos recogiendo cosechas.
Tierra de olores, de sabores, de gente que se afana a diario, de ranchos muy pobres donde un niño se embelesa con un libro usado sabiendo que allí está su futuro; en las letras y números que estudie, mientras afuera, en la vereda, suenan tiros que no logra comprender.
Campos de café brotando de a poco, sin hacer ruido.
Hamacas tricolores ondeando en patios limpios barridos antes del calor de la tarde.
Voces que gritan sin ser escuchadas.
Niños que corren sin ser alcanzados.
Madres que claman, sin ser oídas.
Hoy, ayer, siempre estarán en mi retina las caras inocentes, los ojos brillantes, los corazones gigantes de los que no entienden y por ello, pelean. De los que tienen una causa y la defienden.
Con colores, con risas, con cantos, con lágrimas, con todo lo bueno que tiene un pueblo noble que hoy agoniza.