sábado, 2 de junio de 2018

Sinfonía de Colores

Cuando abría aquella gaveta, salían de allí recuerdos.
Envueltos en polvo y naftalina.
Los escondí un día.
 Aquel que decidí continuar serpenteando colinas.
Sabía perfectamente el color de cada uno. Los había amarillos, como el Araguaney
 que me vio crecer, los había azules; esos tonos que me encantan, como las playas infinitas donde mi padre pasaba días embelesado con su caña de pescar y los negros nativos sacaban sus tambores para acariciar las noches.
Los había verdes. Tonos escarlatas que me llevaban a esas frías montañas llenas de pinos y flores donde alguna vez me perdía en excursiones sin rumbo.
También habían recuerdos dorados. Como el sol de las tardes cuando se posaba en la azotea para quedarse y calentaba mis huesos y secaba la ropa que cantaba en las cuerdas.
En el rincón, debajo de los pañuelos, se escondían los recuerdos grises. Nunca dejé entrar a los que eran totalmente negros. Sabía que si los dejaba campar, no se irían de vuelta nunca .
De esos grises me llegaban olores de tardes de invierno, cuando la neblina sonreía abrazando los balcones.
Cuantas cosas guardadas en la gaveta.
Perdí la llave. Un día cualquiera. Ahora la podía abrir y cerrar sin tanta ceremonia.
A veces por las noches, los escuchaba revolverse, apretándose, cuchicheando.
Alguna que otra noche, los dejaba salir
a coger aire. A bailar entre mis libros y la lámpara de la mesilla.

sábado, 28 de abril de 2018

Verónica

Tan joven, tan hermosa.
Con unos brillantes ojos negros. Tan altanera y presumida.
Tan suya.
Tan segura, original toda ella.
Ya desde pequeña, supimos que pisaría fuerte y que más de una vez, haría sus propios caminos, con sus normas, con sus noches y días esculpidos en su picara cabeza.
No iba a seguir lo establecido. Pocas normas , pocas ataduras.
Estudiaba lo justo.Le gustaba mas componer, cantar, organizar encuentros donde la poesía cabalgaba a lomos de guitarra sobre cualquier toalla de playa cercana.
Verónica.
Hasta su nombre era fuerte. Completo.
Algunos amigos la llamaban Vero cariñosamente. Lo aceptó siempre.
Adoraba a todo bicho viviente. A liebres y caballos correteando por prados verdes ,

pajarillos saltando de rama en rama piando sin horario. Peces de colores nadando a su lado, libres; escapando de redes y anzuelos.
No cuidaba mucho su apariencia. Era tan hermosa que cualquier trapo destacaba lo cristalino de su alma.
Se enamoraba con facilidad.
De un niño, de una flor, de una rama del camino, de una taza humeante de chocolate, del amor.
Amaba con pasión, se entregaba por completo a la danza de la vida. Contra alisios y tempestades iba y venía sin horario. Sembrando sonrisas y dando cariño, solidaridad: tan ella.
Un día el dolor no la dejó moverse.Se asustó mucho.Luchó, con todas sus fuerzas para obligar a sus débiles piernas a responder.
Cada día le costaba mas sacar energía para abrir los ojos. Apenas podía parpadear.Los médicos fueron claros desde el principio.Se iba. Envuelta en sus velos transparentes en sus aires soñadores. Con solo veinticinco años tenía que partir. Quizás a navegar con otros pasajeros que, como yo,  adoraban su risa y sus manos tan abiertas, tan llenas de amor, que ahora se negaban a responder.
Muy duro. Lo supo.Primero, maldijo y escupió rabia,odio, asco.
Luego se dulcificó, sabía que la guadaña esperaba ansiosa y decidió reconciliarse con todo lo que por el camino había dejado a medias.
Pasarán los años, pasara la vida y nunca se irá del todo.Todo fue tan rápido. Su vida, su agonía, su diagnostico, su partida.
Vuela mariposa. Vuela libre como siempre quisiste. Guerrera hasta el final.

lunes, 26 de febrero de 2018

Heroínas de a pie.

Me pregunto porque empezaron a escribir las mujeres.
 Seguramente, sería cuando descubrieron puertas en las jaulas, ventanas en los barcos, salidas en los túneles.
Cuando descubrió, una de ellas, que podía gritar tan fuerte como su garganta le dejara y que volvía el eco transformado en logros, en batallas ganadas, en miedos derrotados.
Y comenzaron a llenar maletas de prejuicios y de miedos para lanzarlos por un abismo sin retorno.
Y afinaron sus voces para gritar claro y fuerte corriendo el riesgo de ser perseguidas.
Escuchando verdades calladas a empujones, miradas vacías que transmiten miedo pidiendo ayuda.
Y volver a llenar metrallas con balas de justicia, aprender a mirar el mundo de otra manera, sabiendo que no somos de nadie..Las medias naranjas sólo son para campos verdes y hermosos que esperan completarse para recoger buena cosecha.
Gritemos, unamos risas, tengamos sueños, enhebremos historias de antes, de ahora, de siempre.
Maestras, ministras,astronautas,amas de casa,abuelas, modistas,escritoras. Nada se escapa cuando decidimos hacernos sentir,
Abuelas en columpios junto a nietos sonrientes.
Soldadas armadas entre balas de injusticia.
Cocineras que mezclan el aroma de la canela con el abrazo calido del pequeño que revolotea a sus pies.
Pescadoras que afilan cuchillos  y cañas para enfrentarse a un mar revuelto donde las conchas esperan tranquilas dentro de su morada.
Cantantes, teatreras, bailarinas, prostitutas,maquinistas,azafatas,niñeras,lavanderas,taxistas,planchadoras, camareras, agricultoras, cientificas, esposas, todas ellas donde cabe alma, pestañas, cabellos, tacones, libros,maquillaje, delantales ,faldas, collares, hilos,agujas,telas,batas,paraguas. Todo somos.
Mar y tierra, sol y luna, blanco y negro, sillas y sabanas, caldo caliente y chocolate espeso, retamas floreciendo, lavandas en el patio, gallinas picoteando bajo el sol.
Fuimos, somos y seremos las guerreras de éste mundo, las heroínas de los siglos que pasa sin piedad. Y seguiremos escribiendo nuestra historia. La historia  de cada una de las que levantamos el mundo.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Volviendo

Perdida.
Entre sábanas heladas
y copas de chocolate.
Entre hojas secas que
crujen bajo mis helados pies.
Perdida
con la mirada lejana
de un pájaro herido
luchando
en un inmenso tren lleno
de vagones vacíos.
mas bien, llenos de fantasmas.
Perdida
entre lavanda y romero
escondida,  allá donde
lagrimea una nube que se
esconde tras un veloz rayo grisáceo.
Perdida y en pie.
Caminando con los brazos abiertos
espantando el desaliento
y recogiendo migajas
de luz, de vida, de
campos por cultivar
.

lunes, 29 de enero de 2018

Reacomodando pisadas

    Y es que ahora no encuentro acomodo.
     Viniste, a revolver mi mundo.
     A llenarme de ilusiones, a planear caminos diferentes.
     Muchas cosas nos distanciaron y también muchas, muchísimas que nos unían.
     Te pienso a diario. Podría decir que no, pero no sería verdad.
     Quizá deberías saberlo. Mejor no. Aún duele. A ti y a mí. A ambos.
     Apostamos muy fuerte. Descubrimos miradas dormidas.
     Navegué en tus grandes manos sin rumbo, con la sospecha siempre de poder zozobrar e cualquier momento.
     Pudo haber sido eso. Miedos arrastrados de otros tiempos. Amores perdidos
pegados aún en la piel de la memoria.
    Calles que nos vieron pasar curiosas, jardines que nos vieron vacilar ante un futuro incierto.
    Mares azules negros mansos, fuertes. Trópico que dejaste para conseguir caracolas de otras épocas.
    Aguas frías que te abrazaron con ganas. Deseando que entre ellas, echaras raíces.
   Espumas de deseos, de calores encontrados después de tantos cansados pasos.
   Vida. Encrucijada.
  Tenías que venir y llegaste. Tenías que quererme y sé que lo hiciste, por lo manos, al principio.
   Tenías que embelesarme con tus voz aguda, con tus altos y tus bajos, con tus aires de fariseo y lo lograste.
 
Tenías que irte y así lo has hecho. Sin mas.

miércoles, 17 de enero de 2018

Me sigue contando.

Alicia me susurró de nuevo, que no quiere oír historias tristes, que ha había vivido y escuchado muchas.
Me gusta su piel blanca, casi transparente, sus limpios ojos grises y esa elegancia que ya pesa en esos años que tan bien lleva.
Siguió hablando, casi para ella misma.Pensando en voz alta. Seguramente, ya sabe, que me gusta escucharla.
Recordaba países lejanos que la vieron caminar sin años y con muchas ganas de hacer, de soñar, de buscar, de encontrar. Se veía subiendo a grandes trenes donde cruzaba sitios desconocidos, en busca de cobijo.
Su mente volaba a mercados de colores donde ella dejaba flotar su imaginación entre fruta carnosa y pequeñas tortugas expuestas a la venta.
Había en sus recuerdos, momentos en los que callaba y sólo se contemplaba las manos. Tan usadas, tan maduras.
Yo las veía acariciando dulcemente el cuerpo de un hombre amado, las veía en la pequeña cabecita de un nieto inquieto y también volando veloces por el aire, espantando malos recuerdos y adioses que llegaron pronto. Despedidas inesperadas que la dejaron vacía, con esos preciosos ojos grises, navegando en grises aguas turbulentas.
Y volvía a enhebrar historias donde escuchaba boleros y canciones románticas, mientras en el fuego, hervía un puchero.
Quien le iba a decir que cargada ya de canas, con tantos días sin ganas de seguir, y aquí estaba de nuevo, con deseos de escuchar historias bonitas, de dejar atrás las tristezas. O por lo menos, de no traerlas cada día de la mano. Me gusta su sonrisa limpia, su infantil manera de preguntar si lee bien. Es ella, sin esconder esa ingenuidad que tan bien le queda.
Y es que al escucharla, me escucho. Escucho tantas vidas que han partido por caminos diferentes. Historias por contar que están agazapadas esperando su momento.
Cuéntame Alicia. Cuéntame cómo te enamoraste, como creciste entre arboles de otoño y cálidos mares cruzados a la aventura.
Cuéntame. Tengo tiempo de recrearme en ese gris limpio de tus ojos y de soñar contigo.
Empieza de nuevo y si, tienes razón. No me cuentes historias tristes. Esas las dejaremos para un capítulo diferente.