Mi padre me observaba. Entendía perfectamente lo que estaba pasando por mi cabeza.
El se iba, su larga enfermedad le avisaba que ya era hora de emprender vuelo. Y yo, allí, pequeña, menuda, empezando apenas a despuntar una adolescencia que clamaba cariño y compañía, y él me dejaba.
Lo supo desde la noche anterior.
Cuando ya en sus continuos delirios veía peces de colores flotando y en el fondo de la habitación la guadaña abriéndole camino; era la señal.
Descansó. De su pena, de su dura lucha diaria contra el bicho que le carcomía por dentro.
Pero yo me quedaba sola. Sin sus grandes manos pecosas . Manos de trabajador y de hombre bueno. Se callaba su voz ronca que resonaba en mis oídos cada vez que dudaba ante algo.
Te fuiste muy pronto. Te perdiste muchas cosas buenas. Y me dejaste sin tus canas, sin tu café cargado a mitad de tarde, sin tus herramientas organizadas y tus zapatos limpios.
Papá.
Una palabra tan corta y tan grande.
Te perdiste la risa limpia de unos nietos maravillosos. El florecer de tu compañera de viaje que siguió viviendo pese a su dolor ,los árboles que abonaste, despuntando al viento regalando flores que te acompañaron en tu viaje apresurado.
Tu mar querido se quedó revuelto y sólo, sin tu caña y tus anzuelos.
Hoy y siempre te traigo a mis días, a mis horas, a mis flaquezas y me cobijo en tus ojos limpios y tu mirada sincera y sé, sin duda alguna, que caminas a mi lado.
domingo, 6 de diciembre de 2015
miércoles, 7 de octubre de 2015
Será por esto.
Y a veces siento desesperar cuando pasan las horas y no encuentro lo que busco.
Pienso que quizás mis prioridades han cambiado o se han escondido en el armario viejo de la esquina.Sigo adorando el sonido de la lluvia y evocando momentos lejanos cuando este tintineo llega de a poquito para convertirse en sonido ensordecedor. Sigo susurrando canciones viejas que me envuelven cuando tengo frío.
Será que mis años me hacen pensar en otras cosas para llenar mi incompleta paleta de colores que vienen y van, Colores que corren en matices grisáceos para convertirse en lilas apasionados que pintan los días de alegría. Será que no me encuentro.
Será que ahora soy otra.
Pienso que quizás mis prioridades han cambiado o se han escondido en el armario viejo de la esquina.Sigo adorando el sonido de la lluvia y evocando momentos lejanos cuando este tintineo llega de a poquito para convertirse en sonido ensordecedor. Sigo susurrando canciones viejas que me envuelven cuando tengo frío.
Será que mis años me hacen pensar en otras cosas para llenar mi incompleta paleta de colores que vienen y van, Colores que corren en matices grisáceos para convertirse en lilas apasionados que pintan los días de alegría. Será que no me encuentro.
Será que ahora soy otra.
domingo, 31 de agosto de 2014
Agosto de tarde.
Parece que las horas se acortan.
No así las tardes de domingo, que se hacen pesadas y espesas en este verano que está dando sus últimos coletazos.
Y me pierdo entre libros al descuido, lápices que no escriben, cuentas que se me apuran y escapan.
Me pierdo en esas calles ruidosas que te ven ir y venir, mientras aquí en este rincón salado atardece de a poquito.
Y me pregunto si hemos elegido bien.Quién lo sabe?
Mañana será otro mes que empuja a un Nóel casi olvidado.Otro mes de noticias, de vuelos, de aterrizajes, esperando rostros conocidos a través del cristal.
Y camino con ganas, con fuerza e ilusión. De palabras, de escuchas, de secretos a la orilla de la playa. De tardes tranquilas, de risas contagiosas, de vino, de gofio, de amores...
De isla rocosa que se una con la lejanía de un Caribe de palmeras y susurros.
No así las tardes de domingo, que se hacen pesadas y espesas en este verano que está dando sus últimos coletazos.
Y me pierdo entre libros al descuido, lápices que no escriben, cuentas que se me apuran y escapan.
Me pierdo en esas calles ruidosas que te ven ir y venir, mientras aquí en este rincón salado atardece de a poquito.
Y me pregunto si hemos elegido bien.Quién lo sabe?
Mañana será otro mes que empuja a un Nóel casi olvidado.Otro mes de noticias, de vuelos, de aterrizajes, esperando rostros conocidos a través del cristal.
Y camino con ganas, con fuerza e ilusión. De palabras, de escuchas, de secretos a la orilla de la playa. De tardes tranquilas, de risas contagiosas, de vino, de gofio, de amores...
De isla rocosa que se una con la lejanía de un Caribe de palmeras y susurros.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Cálido y soñado.
Llegó a destiempo.
Fuera de hora y de lugar.
Con horas en la espalda y mirada expectante.
Llegó y se acomodó a las horas cambiadas, a los aires cálidos de esta isla pequeñita en su continente.
Y caló hondo. En las calles que lo vieron caminar
en los olores que lo sintieron soñar, en las risas de quién
lo esperó.
Se dejó envolver por la música que tan bien conoce y derrochó carisma y ganas.
Cayó en el embrujo de la tierra, del monte amplio y limpio que le regaló silencios y promesas.
Soñó con los ojos abiertos y dialogó con el tiempo pidiéndole volver.
Volver a esta tierra maravillosa pérdida entre las arenas cuando sopla la calima sashariana.
Y el tiempo escuchó.
Escuchará.
Fuera de hora y de lugar.
Con horas en la espalda y mirada expectante.
Llegó y se acomodó a las horas cambiadas, a los aires cálidos de esta isla pequeñita en su continente.
Y caló hondo. En las calles que lo vieron caminar
en los olores que lo sintieron soñar, en las risas de quién
lo esperó.
Se dejó envolver por la música que tan bien conoce y derrochó carisma y ganas.
Cayó en el embrujo de la tierra, del monte amplio y limpio que le regaló silencios y promesas.
Soñó con los ojos abiertos y dialogó con el tiempo pidiéndole volver.
Volver a esta tierra maravillosa pérdida entre las arenas cuando sopla la calima sashariana.
Y el tiempo escuchó.
Escuchará.
martes, 16 de octubre de 2012
Tic Tac
Estoy rodeada de miradas. Ojos que me dicen lo que creen, no lo que ven.
Escucho rumores al doblar la esquina y espero que circulen y se hagan bolas grandes que luego, por su peso caen.
Y espero junto a las horas.
Espero que ese que señala no se vea nunca señalado.
Espero que el que escupe, no tenga que tragarse su saliva. Espero que el mundo despierte. espero que la risa vuelva.
Que la confianza entre por la puerta dándole la mano amplia a la honradez que insiste en esconderse.
Y aquí, en la estación del tren, espero que pase el vagón que voló lleno de caras tristes y sucias rumbo a crematorios. Quiero que vuelva lleno de colores, de banderas brillantes, de risas que abarquen todos los andenes . Que las manos vuelen por el aire recibiendo besos y caricias.
Aquí en este rincón, sigo esperando.
Escucho rumores al doblar la esquina y espero que circulen y se hagan bolas grandes que luego, por su peso caen.
Y espero junto a las horas.
Espero que ese que señala no se vea nunca señalado.
Espero que el que escupe, no tenga que tragarse su saliva. Espero que el mundo despierte. espero que la risa vuelva.
Que la confianza entre por la puerta dándole la mano amplia a la honradez que insiste en esconderse.
Y aquí, en la estación del tren, espero que pase el vagón que voló lleno de caras tristes y sucias rumbo a crematorios. Quiero que vuelva lleno de colores, de banderas brillantes, de risas que abarquen todos los andenes . Que las manos vuelen por el aire recibiendo besos y caricias.
Aquí en este rincón, sigo esperando.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Finales de Agosto....
A caballo entre pueblos y calles desconocidas. Entre soles mediterráneos y caribes olvidados.
A caballo entre la desilusión y las ganas. Cobijando sonrisas que van y vienen , de paso o a quedarse.
Volando con teléfonos en mano y castañuelas sonoras.
A caballo entre la desilusión y las ganas. Cobijando sonrisas que van y vienen , de paso o a quedarse.
Volando con teléfonos en mano y castañuelas sonoras.
martes, 7 de agosto de 2012
Mi plaza..
La plaza distante se acerca lentamente. Ya reconozco su mirada fría, sus manos gruesas y absurdas en esa posición de espera.
Pensé mucho antes de decidirme a venir, pero pudo más ésta llamada gélida que reposa quieta en esta esquina.
Caminan por aquí muchas parejas de enamorados que presumen de risas vacías y palomitas calientes, corren niños en bicicletas veloces como desafiando al viento, los gansos del estanque gorgorean tranquilos entre los bajos nenúfares.
Sólo yo estoy pendiente de esa cabeza perfecta coronada por una larga melena algo corroída. El tiempo es inclemente.
Me parece extraño que nadie haya sucumbido a esta mole que atrae y me deleita cada noche.
Su figura recuerda a nobles caballeros que dentro de sus armaduras, se batían a muerte defendiendo sus causas.
Esperaré que la tarde muera y los niños se acurruquen en el seno de sus madres para darte lo que me pides desde ese pedestal que busco todas las noches.
Ahora...espero ese cuerpo rígido y frío que no logra aplastarme. esa inmovilidad tuya que me da alas para moverme con libertad hasta sentir que vuelo alto, contigo adentro.
Ese roce macizo que se asemeja a fortalezas pétreas que despiden humedad y encierro.
La tarde agoniza bajo una lluvia fina que empapa y tu rostro cubierto de escarcha, me mira, frío mientras me desnudo para subir en tu mástil y cabalgar hasta las estrellas.
Pensé mucho antes de decidirme a venir, pero pudo más ésta llamada gélida que reposa quieta en esta esquina.
Caminan por aquí muchas parejas de enamorados que presumen de risas vacías y palomitas calientes, corren niños en bicicletas veloces como desafiando al viento, los gansos del estanque gorgorean tranquilos entre los bajos nenúfares.
Sólo yo estoy pendiente de esa cabeza perfecta coronada por una larga melena algo corroída. El tiempo es inclemente.
Me parece extraño que nadie haya sucumbido a esta mole que atrae y me deleita cada noche.
Su figura recuerda a nobles caballeros que dentro de sus armaduras, se batían a muerte defendiendo sus causas.
Esperaré que la tarde muera y los niños se acurruquen en el seno de sus madres para darte lo que me pides desde ese pedestal que busco todas las noches.
Ahora...espero ese cuerpo rígido y frío que no logra aplastarme. esa inmovilidad tuya que me da alas para moverme con libertad hasta sentir que vuelo alto, contigo adentro.
Ese roce macizo que se asemeja a fortalezas pétreas que despiden humedad y encierro.
La tarde agoniza bajo una lluvia fina que empapa y tu rostro cubierto de escarcha, me mira, frío mientras me desnudo para subir en tu mástil y cabalgar hasta las estrellas.
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