lunes, 26 de febrero de 2018
miércoles, 17 de enero de 2018
Me sigue contando.
Alicia me susurró de nuevo, que no quiere oír historias tristes, que ha había vivido y escuchado muchas.
Me gusta su piel blanca, casi transparente, sus limpios ojos grises y esa elegancia que ya pesa en esos años que tan bien lleva.
Siguió hablando, casi para ella misma.Pensando en voz alta. Seguramente, ya sabe, que me gusta escucharla.
Recordaba países lejanos que la vieron caminar sin años y con muchas ganas de hacer, de soñar, de buscar, de encontrar. Se veía subiendo a grandes trenes donde cruzaba sitios desconocidos, en busca de cobijo.
Su mente volaba a mercados de colores donde ella dejaba flotar su imaginación entre fruta carnosa y pequeñas tortugas expuestas a la venta.
Había en sus recuerdos, momentos en los que callaba y sólo se contemplaba las manos. Tan usadas, tan maduras.
Yo las veía acariciando dulcemente el cuerpo de un hombre amado, las veía en la pequeña cabecita de un nieto inquieto y también volando veloces por el aire, espantando malos recuerdos y adioses que llegaron pronto. Despedidas inesperadas que la dejaron vacía, con esos preciosos ojos grises, navegando en grises aguas turbulentas.
Y volvía a enhebrar historias donde escuchaba boleros y canciones románticas, mientras en el fuego, hervía un puchero.
Quien le iba a decir que cargada ya de canas, con tantos días sin ganas de seguir, y aquí estaba de nuevo, con deseos de escuchar historias bonitas, de dejar atrás las tristezas. O por lo menos, de no traerlas cada día de la mano. Me gusta su sonrisa limpia, su infantil manera de preguntar si lee bien. Es ella, sin esconder esa ingenuidad que tan bien le queda.
Y es que al escucharla, me escucho. Escucho tantas vidas que han partido por caminos diferentes. Historias por contar que están agazapadas esperando su momento.
Cuéntame Alicia. Cuéntame cómo te enamoraste, como creciste entre arboles de otoño y cálidos mares cruzados a la aventura.
Cuéntame. Tengo tiempo de recrearme en ese gris limpio de tus ojos y de soñar contigo.
Empieza de nuevo y si, tienes razón. No me cuentes historias tristes. Esas las dejaremos para un capítulo diferente.
Me gusta su piel blanca, casi transparente, sus limpios ojos grises y esa elegancia que ya pesa en esos años que tan bien lleva.
Siguió hablando, casi para ella misma.Pensando en voz alta. Seguramente, ya sabe, que me gusta escucharla.
Recordaba países lejanos que la vieron caminar sin años y con muchas ganas de hacer, de soñar, de buscar, de encontrar. Se veía subiendo a grandes trenes donde cruzaba sitios desconocidos, en busca de cobijo.
Su mente volaba a mercados de colores donde ella dejaba flotar su imaginación entre fruta carnosa y pequeñas tortugas expuestas a la venta.
Había en sus recuerdos, momentos en los que callaba y sólo se contemplaba las manos. Tan usadas, tan maduras.
Yo las veía acariciando dulcemente el cuerpo de un hombre amado, las veía en la pequeña cabecita de un nieto inquieto y también volando veloces por el aire, espantando malos recuerdos y adioses que llegaron pronto. Despedidas inesperadas que la dejaron vacía, con esos preciosos ojos grises, navegando en grises aguas turbulentas.
Y volvía a enhebrar historias donde escuchaba boleros y canciones románticas, mientras en el fuego, hervía un puchero.
Quien le iba a decir que cargada ya de canas, con tantos días sin ganas de seguir, y aquí estaba de nuevo, con deseos de escuchar historias bonitas, de dejar atrás las tristezas. O por lo menos, de no traerlas cada día de la mano. Me gusta su sonrisa limpia, su infantil manera de preguntar si lee bien. Es ella, sin esconder esa ingenuidad que tan bien le queda.
Y es que al escucharla, me escucho. Escucho tantas vidas que han partido por caminos diferentes. Historias por contar que están agazapadas esperando su momento.
Cuéntame Alicia. Cuéntame cómo te enamoraste, como creciste entre arboles de otoño y cálidos mares cruzados a la aventura.
Cuéntame. Tengo tiempo de recrearme en ese gris limpio de tus ojos y de soñar contigo.
Empieza de nuevo y si, tienes razón. No me cuentes historias tristes. Esas las dejaremos para un capítulo diferente.
martes, 16 de enero de 2018
miércoles, 4 de octubre de 2017
Pre Juicios..
Lo encontré sentado en la plaza grande.
Aquella en la que de vez en cuando, llegaban las palomas a posarse en busca de alimento, aproechando el agua de la fuente para sacudir allí sus humedas patas.
Me gustó escuchar como rasgaba las cuerdas viejas de su guitarra y como e vez en cuando, alguna nota, escapaba de su garganta.
Conseguí cerca de él, un árbol que despedía otoño, y me senté escuchar. Había algo que me invitaba.
Pasaron por mi cabeza historias imaginarias mientras salían notas al aire.
Imaginé una carretera larga, llena de frondosos arboles de un Canadá brillante que alimenta mis fantasías.
En aquella nota mas alta oí llegar por viejos raíles,al tren pobre lleno de mercancía, mientras la tierra se arremolinaba feroz golpeando mi cara.
El joven trinaba su estribillo y paraba y yo creía reconocer en su mirada triste, a una madre dando a luz a un hermoso bebé enclenque que apenas gemía sin apenas fuerza.
Al lado de su guitarra, de manera descuidada, habían unos libros que no intentó mirar.Estaban allí, seguramente por error. Su estilo era otro.
Tantas cosas por contar con su voz queda, tantos silencios entre cuerdas.
Tanto que ofrecer. Manos grandes y morenas queriendo vivir. Tantos mares revueltos, tantas injusticias que le rodeaban. Y habiendo tantas cosas, infinidad de mundos por descu
brir, la gente que por allí pasaba, sólo veía a un joven bohemio salido a deshora de cualquier instituto y que mostraba con orgullo sus cuidadas rastas como su bandera de autentico soñador.
Aquella en la que de vez en cuando, llegaban las palomas a posarse en busca de alimento, aproechando el agua de la fuente para sacudir allí sus humedas patas.
Me gustó escuchar como rasgaba las cuerdas viejas de su guitarra y como e vez en cuando, alguna nota, escapaba de su garganta.
Conseguí cerca de él, un árbol que despedía otoño, y me senté escuchar. Había algo que me invitaba.
Pasaron por mi cabeza historias imaginarias mientras salían notas al aire.
Imaginé una carretera larga, llena de frondosos arboles de un Canadá brillante que alimenta mis fantasías.
En aquella nota mas alta oí llegar por viejos raíles,al tren pobre lleno de mercancía, mientras la tierra se arremolinaba feroz golpeando mi cara.
El joven trinaba su estribillo y paraba y yo creía reconocer en su mirada triste, a una madre dando a luz a un hermoso bebé enclenque que apenas gemía sin apenas fuerza.
Al lado de su guitarra, de manera descuidada, habían unos libros que no intentó mirar.Estaban allí, seguramente por error. Su estilo era otro.
Tantas cosas por contar con su voz queda, tantos silencios entre cuerdas.
Tanto que ofrecer. Manos grandes y morenas queriendo vivir. Tantos mares revueltos, tantas injusticias que le rodeaban. Y habiendo tantas cosas, infinidad de mundos por descu
Sonando a boleros.
Vi añoranza en su mirada de mujer madura, vi amores entregados y despedidas dolorosas. Vi océanos cruzados, risas apagadas por los años, niños corriendo, abuelas bordando. Vi ternura en esa voz cálida que tiene: vi tristeza.
Ese día, cuando me lo dijo, ella cantaba un bolero que sonaba de fondo. Y me dijo: son mentira.Los boleros son mentira.
Los hombres no saben amar. Me metí en el brillo de sus ojos y por un momento, dudé. No saben?
La abracé mientras ella arrastraba sus pies cansados y su bolso le pesaba e tanta nostalgia. Le dije: si saben Alicia, claro que saben. Sólo que su amor está hecho de otra madera. Son otra cosa.Ni mejor, ni peor: diferentes. Sus pedazos son otros. Sus raíces, son otras.
Canta Alicia y no pienses en mentiras.
Sueña, recuerda, vive y alimenta esas letras de boleros.
jueves, 1 de junio de 2017
Escondida de momento.
Y hoy como muchos otros días, con muchos kilómetros de distancia, pienso en aquellas calles que me vieron nacer, que vieron crecer mis piernas entre neblinas y carreras.Hoy son otras.
Hoy respiran lucha, piden justicia, se manchan, por desgracia de sangre.
Quién detonó esas voces que creían mudas, esos violines callados, esas camisetas escondidas?.
Tierra inmensa, rica, donde brillan los colores de tucanes en verdes y amarillos únicos, donde ruge un Cachamay de espuma blanca salpicando vida.
Donde un Avila imponente observa, de momento, callado.
Tierra de cuatros y maracas, de faldas y alpargatas, de llaneros cuarteados por un sol inclemente.
Extensiones enormes donde se escucha un arpa cantora calmando los hombros cansados de campesinos recogiendo cosechas.
Tierra de olores, de sabores, de gente que se afana a diario, de ranchos muy pobres donde un niño se embelesa con un libro usado sabiendo que allí está su futuro; en las letras y números que estudie, mientras afuera, en la vereda, suenan tiros que no logra comprender.
Campos de café brotando de a poco, sin hacer ruido.
Hamacas tricolores ondeando en patios limpios barridos antes del calor de la tarde.
Voces que gritan sin ser escuchadas.
Niños que corren sin ser alcanzados.
Madres que claman, sin ser oídas.
Hoy, ayer, siempre estarán en mi retina las caras inocentes, los ojos brillantes, los corazones gigantes de los que no entienden y por ello, pelean. De los que tienen una causa y la defienden.
Con colores, con risas, con cantos, con lágrimas, con todo lo bueno que tiene un pueblo noble que hoy agoniza.
miércoles, 19 de abril de 2017
Descontando......
Me espera el olor conocido de antisépticos y curas. La salida del habitáculo frío donde las luces invitan a quedarte quietito, sin respirar apenas.
Los pasillos largos, de camas ocupadas y alguna que otra, aun con el calor del cuerpo que ya no está.
Batas verdes y blancas que vuelan a auxiliar mientras en sus cabezas, vuelan también las tareas de casa que quedaron por hacer y el coche que tiene que pasar la revisión.
Comidas desabridas que llegan junto a manos serviles que van, que vienen.
Y caras conocidas, amables, que dan ánimos y sonrisas.
Hojas que pasan en blanco sin escribir, historias que golpean la retina, cuentos de comienzos y finales abiertos.
Desde allí, navegaré a tierras cálidas que pasan horas amargas de lucha, de gases que asfixian, de hambruna incomprensible, de gentes sencillas, trabajadoras que amanecen esperando días mejores. Pasearé por las piedras negras donde florecen las sanjoras con el amarillo brillante que alimenta a abejas voladoras, isla mágica que acoge, que espera paciente entre sal y brumas.En tardes tranquilas vendrá la añoranza a tocarme por el hombro evocando los trenes veloces que gruñen mientras los viandantes corren para llegar a tiempo a andenes enormes que esperan, donde mi pequeña lucha con esos días fríos, con esos recorridos largos que la llevan al centro donde el ruido y la muchedumbre posan bajo la Eiffel.
Tendré tiempo para que mi cabeza vaya y venga tantas veces. Para imaginar y soñar.
Para extrañar, para agradecer...para no terminar de entender tantas cosas que me habitan.
Para preguntas sin respuestas
para brazos sin abrazos
y hasta para sombras sin luces.
Los pasillos largos, de camas ocupadas y alguna que otra, aun con el calor del cuerpo que ya no está.
Batas verdes y blancas que vuelan a auxiliar mientras en sus cabezas, vuelan también las tareas de casa que quedaron por hacer y el coche que tiene que pasar la revisión.
Comidas desabridas que llegan junto a manos serviles que van, que vienen.
Y caras conocidas, amables, que dan ánimos y sonrisas.
Hojas que pasan en blanco sin escribir, historias que golpean la retina, cuentos de comienzos y finales abiertos.
Desde allí, navegaré a tierras cálidas que pasan horas amargas de lucha, de gases que asfixian, de hambruna incomprensible, de gentes sencillas, trabajadoras que amanecen esperando días mejores. Pasearé por las piedras negras donde florecen las sanjoras con el amarillo brillante que alimenta a abejas voladoras, isla mágica que acoge, que espera paciente entre sal y brumas.En tardes tranquilas vendrá la añoranza a tocarme por el hombro evocando los trenes veloces que gruñen mientras los viandantes corren para llegar a tiempo a andenes enormes que esperan, donde mi pequeña lucha con esos días fríos, con esos recorridos largos que la llevan al centro donde el ruido y la muchedumbre posan bajo la Eiffel.
Tendré tiempo para que mi cabeza vaya y venga tantas veces. Para imaginar y soñar.
Para extrañar, para agradecer...para no terminar de entender tantas cosas que me habitan.
Para preguntas sin respuestas
para brazos sin abrazos
y hasta para sombras sin luces.
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