En cada camino
hay añoranza tejida en aceras frías,
levitando en noches rojas,
apretadas,
esas noches que marcharon sin razón
sin aviso
y se fueron simples
como un deseo.
Cada noche es un alcaraván que vuela sobre los manglares olvidados.
En cada camino
hay añoranza tejida en aceras frías,
levitando en noches rojas,
apretadas,
sin aviso
y se fueron simples
como un deseo.
Cada noche es un alcaraván que vuela sobre los manglares olvidados.
Espejos sin reflejos en un mundo donde oigo los pájaros afuera
otros,
no los de ayer, perdidos ya,los nuevos e inocentes silbos. Y no sé si son pájaros
si alguien más los sigue oyendo
a media vida bajo una tierra sin sol.
Deseo
retener la voz salvaje de cada mujer que
habita en mi.
Grito, antes de que los árboles se alejen.
La cerca
¿Dónde quedaron las flores?
¿Dónde las trinitarias y las rosas encarnadas del patio?
Perdida quedó la espesa bruma
que bajaba reptando
anclándose en las agrietadas macetas.
Sobre el cemento, las huellas de esos
pasos que no volverán.
Ni la iglesia cercana
ni la bodega oliendo a especias
ni tus manos pecosas llenas
de tierra.
Huyeron por las rendijas del tiempo
junto a los árboles que no regaste
Junto a esas pisadas nocturnas que huelen
a tu tabaco y café de las tardes.
Ahora, sólo hierbajos tras ella.
Urgente
Sigo siendo
camino agreste con flores de colores
mirada y anhelo
cascada y remanso
pardela y gorrión
alfombra y tapiz lejano
migaja y montaña.
soy
erupción de volcán dormido
letanías pidiendo milagros
carruaje en época de reinas
coliflor en un huerto recién regado
barco a la espera
isla rodeada de algas
Soy
un bicho raro que se duerme
en esquinas rotas.
Caos
Como si el mundo se hubiese roto.
Así desperté de un sueño pegado en la piel.
Fue una noche de vueltas y más vueltas entre las sabanas
.Para amanecer molida como si saliera de un vendaval.
Retratos sitiados en hilos que no logré separar y que me
dejaron con la boca seca, convertida en un áspero estropajo.
Y aquel sonido del teléfono en la planta baja, donde los
muebles se desperezan cuando nadie los mira.
Me golpeó como una
tumba abierta.
Al descolgar el viejo telefonillo solo escuché a lo lejos el
sollozo tenue de un: Estoy secuestrada.
Y la luz se apagó
sepultándome en el abismo desde el que ahora, grito.
Fortuito
Cuando se dio cuenta,
ya iba camino al hospital. Las luces de la ambulancia le llegaban en fogonazos
intermitentes. Un dolor profundo le zumbaba cerca como un abejorro gigante.
No sabe cuándo perdió
el conocimiento. Despertó en una habitación blanca, muy limpia. Con dos sillas
y una mesilla con patas de cebra.
Le costaba hilvanar
los minutos pasados. El peso del brazo la obliga a mantenerse quieta. Descubre
un yeso largo, recién puesto y su mano amoratada saliendo de aquel tubo. Un
caos para su cabeza.
- Pero...qué coño....
Balbucea despacio, como masticando arena, mientras descubre garabatos de tinta
negra sobre su escayola. Letras: gordas, grandes, pequeñas, muy apretadas y
algunas iniciales sueltas.
Palabras de ánimo, abrazos escritos; donde fue
descubriendo caras amigas. Y en una esquina aquellas frases, como escondidas en
un pliegue inferior.
Sonrió despacio. Ahogó
un suspiro de alegría.
Tim había pasado por
allí. No podía ser otro.