MIS LECTURAS FAVORITAS

domingo, 13 de mayo de 2012

Mi espera.

Ernesto me invitó a ser su novia aquel día mientras merendamos bajo las ramas del naranjo. No lo pensé mucho, me desnudé de miedos y temores y le ofrecí lo que mi menudo cuerpo escondía.
 Fueron buenos tiempos, llenos de risas y lápices de colores, de recreos esperados y mañanas brillantes.
 Bajo aquel naranjo, me prometió volver de esa implacable batalla que lo llamó al frente. Todavía hoy espero su regreso, adivinando cartas que no llegaron, promesas que no se cumplieron. Me siento cuando cae la tarde bajo el aroma cercano del naranjo que planté en mi patio y, adivino en las manos regordetas de Tito, las suaves manos de su padre cuando escribía poemas para mi.
 Y allí.....esperamos.

noticias que no llegan.

Cuando llegamos ,era tarde. Ya había partido el pequeño camioncito naranja que, lleno de sobres y encomiendas, nos alegraba la vida cuando traía noticias de lejos, llenas de esperanza y amores entrelazados en la distancia.
Ese día no llegó la carta que esperaba. llegó uno igual, de espera y anhelo agazapado en mi pecho para el próximo paso del camioncito que nos dejaba llenos de polvo y pestañas marchitas.
Volaron alto las hojas secas de los laureles de la plaza, mezclando las finas gotas de polvo con el aire caliente pegado en la piel de la espera....

miércoles, 9 de mayo de 2012

día nublado.

Hoy quiero esconderme. Caminar sin rumbo y alejarme. Me llevaré los recuerdos para irlos desmenuzando de a poquito. Aunque a veces pienso que sería mejor dejarlos bajo el árbol del patio, allí enterrados y que me esperen. Ir consiguiendo cosas nuevas que no me arrastren por caminos que no quiero pisar.
Amanece y sale un sol brillante que escupe libertades, desafíos diarios. Atardece y con él los pájaros recogen alas buscando cobijo.
Y busco. Busco entre olas, azules que se me pierden en el camino.
Busco andares diferentes. Camino lento disfrutando de colores del viento y arrullo de montañas, pero llegan vacíos.

martes, 1 de mayo de 2012

Sin buscarlo.

Llegó de repente. Trepando por los cables del teléfono.
Instalándose en mi pantalla y en mis venas.
Oliendo a desconocido y a frases bonitas.
Oliendo a manos lejanas que no conozco y me hablan a lo lejos, quién sabe desde cual rincón.
Llegó regalándome horas tibias y desempolvando emociones que creí enterradas.
Aquí sigo....escribiéndole y leyéndolo....

lunes, 16 de abril de 2012

grises

Hoy huelo a tierra mojada.
A nubes grises que corren veloces en el firmamento, amenazando tormenta.
Huelo tristeza, soledad y frío.
Frío que se cuela bajo mi puerta y se escurre en mis sábanas.
Y le pregunto ¿ de donde vienes?
y me contesta, de tu otra mitad, la que quedó bajo el sol tostándose.

sábado, 14 de abril de 2012

Incertidumbre.

Hoy pienso en los que están y quieren irse.
Pienso en los que se quedarán por mucho tiempo.
En el silencio de caminos cortados.
En las lunas que faltan por llegar.
Días de luchas y avatares, de risas contagiosas y penas escondidas
bajo párpados cansados.
Volveremos a reir y a caminar.
Nos quedaremos aquí llenos de ganas, de esperanzas y de empuje para arrimar el hombro
ante esa pared enorme que nos viene encima y que....sortearemos para salir airosos¡¡¡¡

domingo, 8 de abril de 2012

mi caracola.

   La encontré en la cueva grande de la orilla. Cuando bajó la marea. Entonces si que me atreví a caminar hasta allí, con los pies lamidos por el mar que iba y venía sin descanso.
Todavía hacía calor pero entre mi chapoteo y el choque del agua con las negras rocas lograba de vez en cuando saborear chispas saladas.
También descubrí cangrejos en el camino, que desafiaban al mar enfurecido con patas largas aferradas a la roca en tono de burla.
Allí estaba la caracola semi enterrada. Me esperaba. Llevaba tiempo haciendo noches para recibirme plena con medio cuerpo al aire, desafiando a la luna que, alta, la contemplaba.
Apuré mis pasos para regalarle mis manos regordetas ávidas de espuma y salitre.
La arranqué de allí con premura sabiendo que muy pronto subiría sin control la marea queriendo robarla de mis manos. La cobijé bajo mi ancha camiseta y esquivé espumeantes conchas que llegaban cantando canciones de cuna a mis presurosos pies.
Era mia.